miércoles, 27 de enero de 2010

Rasgos generales del relieve

Si observamos en conjunto la Península Ibérica podemos distinguir una gran zona central, relativamente alta y llana, cruzada y rodeada por algunos sistemas montañosos. Algunos geógrafos han des¬crito a la Península como ``un castillo almenado'', en el que las cordilleras periféricas serían los bastiones (figura pentagonal que sobresale en el encuentro de la cortina de la muralla) y la Meseta la plaza a defender.

Dentro de la Meseta castellana existen dos con¬juntos de montañas interiores que forman la Cordillera Central y los Montes de Toledo. Rodeando a la Meseta se hallan Trás-os-Montes (Portugal), los Mon¬tes de León, la Cordillera Cantábrica, la Cordillera Ibérica, parte de las Cordilleras Béticas y Sierra Mo¬rena. En el exterior de esta disposición se encuentran las depresiones del Ebro y del Guadalquivir. La pri¬mera cerrada por los Pirineos y Cordilleras Costeras Catalanas y la segunda por las Cordilleras Béticas.

Las características principales del relieve peninsular son las siguientes su situación periférica, situada al sudoeste de Europa, continente al que pertenece. Además se encentra entre dos placas (Euroasia y África), siendo esta una de las razones fundamentales para explicar su surgimiento y los procesos de orogénesis, ya que se encuentra en una zona de contacto de placas.

Por otra parte, su gran altitud media (660m aprox.) sólo es superada por Suiza, y se debe además de la existencia de altas cordilleras como los Pirineos o Sierra Nevada de su elemento fundamental: la Meseta, que comprende un extenso territorio de tierras con una altura entre los 600 y los 800 m de altitud sobre el nivel del mar. Esto propicia la forma maciza del relieve peninsular, de una gran anchura de oeste a este.

Esto ha dado lugar a una variedad geomorfológica: montañas, mesetas, depresiones y llanuras. Disponiéndose las grandes unidades de forma concéntrica en torno a la Meseta Central.

Por otra parte las costas que presentan no tienen grandes entrantes y salientes (con excepción de las rías gallegas), siendo en su mayor parte costas rectilíneas que se dividen en dos tipos: las costas de acantilados (en el Norte) y las playas de arena(en el sur y este).

Todo ello ha provocado un carácter continental en el interior, por su elevada altitud media y la disposición de los sistemas montañosos, que explican la escasa influencia del mar.

Junto a todo lo expuesto hay que señalar una larga evolución geológica, en la que a lo largo de milenios las fases orogénicas (levantamientos), en las que han surgido montañas, se han alternado con periodos de reposo, erosión y sedimentación. Por tanto la litología peninsular, se conforma principalmente de tres grandes tipos de materiales: silíceos, calizos y arcillosos.

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